lunes, julio 18, 2016

Ciego

Le bastó solo una mirada para percatarse de lo que estaba ocurriendo, aun así volvió a cerrar los ojos para nunca volver a abrirlos.  

Lo supo

Ella no sintió nada, ella sabía, lo había pensado antes de hacerlo, sabía lo que iba a pasar antes de que pasara, porque siempre supo que lo haría y llegado el momento así lo hizo. 

miércoles, enero 27, 2016

SOLA


Salió corriendo de la discoteca indignada, no podía pasarle de nuevo lo mismo. Qué ironía de la vida, siempre la misma situación. Siempre terminaba sola, saliendo sola, comiendo sola, bailando sola y justo cuando lo intentaba, cuando lograba hacer el intento, ahí estaban y por supuesto, como siempre, terminaba sola.

¿Qué hombre te va a querer así? ¿Quién?

Un hombre una vez la quiso. Claro que no fue su culpa que él la dejara, al menos eso pensaba: el tipo estaba loco, muy loco. A veces le daba miedo. Le molestaba el sólo hecho de pensar que volviera a buscarla. Incluso a veces, lo veía por ahí rondando, como esta noche.

Esta noche lo vio nuevamente. Siempre lo mismo. Cómo un tipo podría siquiera pensar en seguir a alguien con tanta mujer desesperada por ahí. Malditas mujeres. A veces pensaba que sufría de misoginia, las odiaba, las detestaba. Claro, ella era una mujer, para cualquiera resultaría irónico, pero ella era distinta, actuaba distinto, funcionaba de otra forma. 

¿Tienes alguna amiga? ¿Deberías socializar más?

Tuvo una amiga una vez, una muy buena amiga, pero llena de defectos, defectos que le parecían idiotas, defectos de mujer. Cómo alguien podría ser tan tonta. Juntos, su amiga con el hombre que una vez la quiso, la habían traicionado, o al menos eso creía ella.

-Par de idiotas, sólo falta que ella también ande por ahí. -Se dijo cuando se animó a salir nuevamente de noche.

¿Qué ganas estando encerrada todo el tiempo?

Pues ahí estaba también. Los vio bailando, luego los vio bebiendo y luego abrazándose. No vio un beso pues dejo de buscar y salió del lugar, asustada, aterrada.

¿Por qué te asustas? ¡Son locuras tuyas!

Corrió, corrió, corrió, y cuando llegó a la esquina, pensó que la venían siguiendo. La calle estaba oscura y su auto estaba lejos, muy lejos. Maldita la hora en que se le ocurrió que no iba a encontrar estacionamiento en un lugar más cerca cuando ni siquiera buscó.
  • Estúpida gente que deja espacios entre autos. -Pensaba mientras corría.

Llegó a su auto, que estaba perfectamente estacionado en comparación a lo imperfecto de el del costado. Le pareció imprudente y poco oportuno, por un segundo olvidó su miedo. Irónicamente  y como cualquiera pudiese esperarse, las llaves cayeron al suelo y ella soltó un sonido molesto. Culpó al estúpido conductor del costado. ¡Estúpido imperfecto!

Recordó su miedo y buscó desesperada las llaves de bajo del auto y ahí estaban, esperando:

Cuatro pies al otro lado del auto, se quedó pasmada, inmóvil, agachada ahí, tratando de no respirar. Aterrada.

-¿Qué están tramando? -Se preguntó. 

Los pies seguían ahí, ella también seguía ahí. Trató de pensar rápido, actuar rápido y tomó sus llaves, apretó la alarma, abrió la puerta, subió al auto y casi por instinto lo echó a andar. Mientras avanzaba miró hacia atrás y recordó. 

Recordó. 

Recordó ese momento, recordó los gritos y el estruendo de su arma, recordó la rabia y olvidó el miedo. Pensó en ese hombre que una vez la amo a ella y por desgracia a su única amiga, al menos eso ella creía. 


Recordó el día en que tuvo que empezar a hacer todo sola.

martes, enero 05, 2016

lunes, noviembre 30, 2015

Subtítulo

De primera calidad, enjambre de tropiezos con granos de arena. La piedra en el camino enterrada bajo el barro que dejó un mar de emociones. Imágenes puras de solsticios de invierno que atraen besos de primera calidad. 

sábado, noviembre 14, 2015

Ladrido

Tirado aquí trato de recordar el cómo y el por qué de mi situación actual. No recuerdo haber despertado, pero tampoco recuerdo haber estado dormido, menos por tanto tiempo. Trato y trato de recordar y sólo se me vienen tres números a la cabeza, nada muy original: 3, 2, 1… 3, 2, 1… 3, 2, 1… 

Por más que lo intento no lo entiendo, no entiendo cómo llegué aquí. A la nada.
No recuerdo tampoco haber bebido tanto como para haberlo olvidado todo, no puedo mover mis pies, mis manos, ni siquiera mi cabeza. Siento una desesperación repentina, pero tampoco puedo gritar, no puedo hablar.

Luego de los números recuerdo algo. Un sonido, un pito en mis oídos y un silencio rotundo, así como ahora. 

Me siento húmedo ¿Será el calor? ¿Hará calor?  Sigo esperando, intentando mover alguna extremidad, siento un sueño inmenso. Luego la desesperación. No lo entiendo. 

Nuevamente intento recordar y el sonido ataca mis recuerdos. Todo es tan confuso. 
Ahora siento hambre, un hambre voraz, me desespero y dejo escapar unos gemidos bastante extraños, me comienzo a contorcionar. Suena mi estomago. 

Comienzo a recordar. Recuerdo mi habitación que no es la misma en la que estoy, lo sé por el olor. Recuerdo a mi mujer, a mis hijos, a mi mascota. Recuerdo unas ganas de escapar, de huir, de salir corriendo y terminar con todo, pero ¿con qué? No lo sé. 

El hambre interrumpe mis recuerdos, ¿Estaré así por mucho tiempo? 

Recuerdo mis manos, una sensación, un metal frío, un peso muerto sobre mis manos, sensación de angustia nuevamente. Escucho los gritos de mi mujer, escucho los llantos de mis hijos. ¡Qué pasó! ¡Por qué gritarán tanto!

¡El hambre, no soporto el hambre! 

Puedo arrastrarme, estoy boca abajo y por fin puedo hacer algo: Gimo, gimo lo más que puedo, intento pedir ayuda, pero no pasa nada. Me arrastro.

Como extraño a mi mujer y a mis hijos en este momento, creo que jamás lo había hecho así antes. Quiero llorar. Tampoco puedo. 

El olor que siento me recuerda a mis hijos, a esa mañana en la clínica, cuando los olí por primera vez, veo la cara de mi mujer y la responsabilidad que sentí.

Recuerdo las ganas de huir y me dan la fuerza para seguir arrastrándome. El hambre que siento es indescriptible, comienzo a gemir y a sentir un aroma que alivia mi pesar, un aroma que me recuerda a mi madre, la extraño y recuerdo su muerte, su cara pálida detrás de un cristal. 

Recuerdo nuevamente mis ansias de escapar y veo una salida, una salida fácil, el metal 3, 2, 1 y el sonido, los gritos de mi mujer, mi angustia, los llantos de mis hijos.  El ladrido de mi mascota me despierta. 

Sigo arrastrándome y siento un calor acogedor, un aroma maternal. Casi por instinto comienzo a succionar. Succiono y succiono, tibio, azucarado y albo elixir consumido por instinto, puedo recordar pero no ya no quiero, tomé una decisión y ya no hay vuelta atrás, pero ¿Qué salió mal? Acaso una bala no fue suficiente para solucionar mis problemas.

El ladrido de mi mascota me despierta. Escucho a mi mujer y a mis hijos, ya no lloran. Recuerdo, pero ya no quiero recordar ¡No quiero recordar! ¡Necesito olvidar!  Necesito llorar, gritar, escapar. Ya no puedo escapar, comienzo a succionar, succiono para olvidar, no hay vuelta atrás. Entonces cuando mi pelaje se eriza, y me doy cuenta que mis patas no se pueden mover, comprendo que está vez, estaré atrapado en mi propio hogar.

lunes, agosto 13, 2012

Prohibido

Sabíamos que no lograríamos nada bueno con esto, el silencio de la carretera sólo empeoraba las cosas, encendí la radio, siempre teniendo extremo cuidado de no complicar la situación. Él sólo me observó, una leve elevación de la comisura de sus labios aprobó mi reciente acción. En esos años las cosas no eran fáciles para nadie, sabíamos que no era lo correcto, aún así, nunca traté de detenerlo, ni de detenerme.

Puso su mano sobre la mía, aún estaba tibia, sabía que eso era bueno, de todas formas, yo me sentía cada vez más helado por dentro, el temblor de ambas termino por coordinarse y yo ahí, sentado en el asiento del copiloto, un brazo extendido hacia atrás y con un cubo de hielo en el pecho.

Había estado todo el camino evitando su mirada, el que se encontrasen me hacia recordar todo, un rayo recorría mi cuerpo hasta impactar en lo más profundo de mi estomago, todo se revolvía, provocando una gran explosión repulsiva con una sola vía de escape. No quería que se detuviera el auto, sólo perderíamos tiempo, cosa que en este momento era fundamental no desperdiciar. A la tercera vez no pude evitarlo. –Para el auto por favor. – ¡Estás loco! –me dijo. Sólo le basto apartar la mirada dos segundos de la pista para darse cuenta que era necesario, luego orilló el auto y se detuvo.

No pude evitar terminar de rodillas, antes de que éstas tocasen el suelo por completo, escuche el abrir y cerrar de una de las puertas. Estaba ahí de pie observándome. Se acercó para tomarme de los hombros y tratar de levantarme. No pude contener el llanto, la culpa se escurría por el suelo hasta tocar mis zapatos para volver a invadir mi cuerpo. Sacó un pañuelo arrugado de su bolsillo y me limpió la boca, luego, con la punta de su camisa limpió mis lágrimas y me abrazó. Mientras él seguía ahí tendido en el asiento trasero, observando.

Por la ventana trasera del auto seguía sintiendo su mirada plantada en mi, la comisura de sus labios se volvía a levantar. Puse mi cara en el pecho de Tobías para luego cerrar los ojos, pero sabía que él seguía observando. Me alejé, quería salir corriendo, correr, perderme en la oscuridad, olvidarlo todo.

Tobías me tomó de un brazo como si hubiese adivinado mis intenciones, sentí pena por él, por mi, por lo nuestro. Me ayudo a entrar al auto, prácticamente me sentó, me miró, lo miré, un beso en la frente y cerro la puerta. Aceleró como si quisiera recuperar el tiempo perdido. Qué más quisiera yo, recuperar el tiempo, los momentos lindos bajo las sombras del dolor que causábamos, que provocamos, de la pasión que nos había llevado a esto. No fui yo ni él, fue aquel quien nos obligó, él que aún agonizando en asiento trasero nos seguía recordando ese momento. “Apareció en el momento equivocado” pensaba, pero siempre todo fue “equivocado”, complejo y difuso. Ahora todo estaba claro, tan claro como esa mirada. Ahí estaba él mirando desde el asiento trasero.

Tomé nuevamente su mano, ya no estaba tibia, ya no me miraba, su boca estaba pálida, ahora me sentía hirviendo, me incorpore sobre el asiento, lanzándome sobre él, Tobías trató de detenerme, pero no lo escuché, ya en el asiento de atrás buscaba su respiración, quería encontrarla ilusamente con mis manos, mis ojos, con mi cuerpo, esa respiración que muchas veces sentí tan cerca, tan dentro de mi, esa respiración caliente que se había enfriado con la llegada de Tobías. Se detuvo el auto de golpe. Sólo encontré la herida, esa herida causada por el engaño, por la penumbra de la pasión. Ya no sangraba. El recuerdo, el sonido de la bala reventaba mis oídos. Miré hacia delante tratando de encontrar esa mirada que sabía que apaciguaría mi desesperación como en un comienzo, ese calor. Esta vez, no la encontré, Tobías no me miró. Lentamente volví a mi lugar, él con las manos firmes sobre el volante, cabizbajo como buscando sus zapatos me seguía evitando. Tomé su mano, ambas frías. No volveríamos a quitar la vista de la pista, tratando de olvidar el asiento trasero.

Pero nunca olvidaríamos, no olvidaríamos el crimen que llevábamos en el asiento trasero, el amor de un mismo sexo que nos había llevado a esto, el repudio de un hombre que sin importar la herencia de la sangre, olvidaría el lazo y juzgaría lo que no le parecía correcto. Nunca olvidaría su sonrisa, esa que no se borró incluso en su agonía. Sabía que no nos dejaría tranquilos y que jamás seríamos capaces de olvidar aquella bala que incrustada en un corazón paternal, en vez de enseñarme a amar, me obligaría a odiar. Lo había logrado, no sólo moría él, sino que esa noche, en ese automóvil putrefacto a muerte, en esa oscura carretera, moriría también el hermoso sabor a sexo prohibido, la pasión que él nunca pudo entender, aquella que él mismo convirtió en muerte.

lunes, marzo 05, 2012

Sordera

“A palabras necias odios sordos” me decía mi abuela, desde que llegué a las calles de Santiago en mi adolescencia no he vuelto a escuchar.

Reciproco

Cuando Beatriz lo miró a los ojos, sabía que él no la estaba mirando del todo. Esa mirada no iba, ni llegaba a ninguna parte. Ella, en cambio, seguía mirándolo a los ojos. Beatriz bajó la mirada. Él seguía ahí observando. Ella, buscaba esa mirada, eso que la había llevado hasta ahí, ya no lo sentía. Levantó la mirada y se dio cuenta que era inútil seguir buscando, su alma, eso que ya no estaba.

Inspiración

Hace tiempo que Joaquín escribe. Hace tiempo que Joaquín no llora ni sonríe, hace tiempo que Joaquín no siente nada. El día que Joaquín volvió a sentir, nunca más volvió a escribir.

viernes, agosto 26, 2011

On

El fuego de la ira contenida
Despierta mi pesar,
Angustioso
Desespero.
Arrancado cada pedazo
De piel vuelta invisible
Diversa
Entreabierta
Llegar a lo incontenible

Conté los pasos para llegar
No llegué
Esperando
La sangre reluciente
Cubierta
Por cemento de rosas verdes
Y manzanas escarchadas
Dilatando el sexo adhesivo

Si no fuese por la cornea del pensamiento
Pasado
Traspasado
Que corta
La sinergia de mi esófago violado
Conclusivo
Asesinado por la guillotina aglutinante

Vuelta
A la vasectomía
De mi sexo
En busca de aquello que
No llegaría

Loa

Bajo tierra
Toca la roca.

El laúd
Anuncia la llegada
De una muerte primeriza
Reiterada
Repetida
Frecuentada
Trillada

domingo, marzo 20, 2011

I

Caminando por la avenida, Martín pensaba en lo larga que podría llegar a ser la noche. Él le indicó que la salida del callejón estaba bajo los matorrales . No le daba miedo, caminaba casi sin ganas hacia su destino, pasando el pasaje Mortenia vio algo que no esperaba, se detuvo, lo dudó un segundo pero sus piernas seguían en movimiento, nada lo detendría, pensó. Luego de abrir el paquete dentro del bolsillo, el lubricante marcó sus dedos para siempre, después de pasar los matorrales al final de callejón sin salida sentía como su sangre se volvía azul.

viernes, febrero 26, 2010

Y comienza el CineClub!


Con una buena primera experiencia este año comienza el proyecto de cine: "CineClub" de los alumnos de la Universidad Finis Terrae en Santiago de Chile.
hace ya algunos meses los alumnos de literatura de la generación 2008, realizaron su primera exposición del CineClub al aire libre, presentando dos grandes películas: Delicatessen (1991) del director de Amelie: Jean-Pierre jeunet y Marc Caro; Gran Torino (2008) de Clint Eastwood.
El evento fue todo un éxito alentando a sus creadores a seguir adelante con el proyecto y lanzarlo definitivamente este año con proyecciones semanales de distintos temas y géneros.
Quien sabe, quizas el CineClub pase a ser un importante evento a nivel nacional, de todas formas estamos a la espera de que nos traerá este nuevo ciclo de exposiciones cinematográficas. Estaremos actualizando la información a medida que vayan apareciendo nuevas noticias sobre este ciclo.

martes, diciembre 22, 2009

Así te leo

Me di cuenta que el cielo no es azul si no verde
que las entrañas extrañas
no alimentan el ocio de la mente putrefacta

Que el amor no es más que una punzada sin aliento en el miembro
más preciado del universo

que la rima no destruye mis pensamientos
la expresión de mis palabras

me di cuenta que la bestia sedienta de sangre y sepulturas
no camina, se arrastra contra la mirada
mirada zigzagueante de la mina de oro obsoleto

de los risos putrefactos
de la luz oscura de tus labios
de la gente sin olfato que busca aquel


Me di cuenta que hoy no cuento